Tengo un poco de frÃo en los pies, ?podrÃas coger la mantita de mi habitación por favor? –le dijo mientras contraÃa las piernas para dejarle levantar subiéndosele aún más la bata hasta verle casi por completo la nalga izquierda desgarradas jódase. Ahora, en este desayuno me di cuenta que sus ojos me miraban como esa vez en el cuarto , tan solo que ahora no estaba asustado sino que su sonrisa era placida y calida y me di cuenta que el extrano calor que yo habÃa sentido la ultima noche provenÃa del esfuerzo mental que yo hacia por no admitir ese recuerdo en mi mente |
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